Fundación Gran Chaco desarrolla un modelo de reforestación comunitaria que permitió introducir 300.000 plantas nativas, reforestar 3.000 hectáreas y acompañar a 66 organizaciones de base en seis provincias del Gran Chaco argentino. La experiencia integra la recuperación del bosque, la producción y el desarrollo comunitario, y reúne aprendizajes para avanzar hacia estrategias de restauración de mayor escala.
Fundación Gran Chaco implementa desde 2008, a través de su programa Monte, un modelo de reforestación comunitaria en el Gran Chaco Americano, la segunda masa boscosa continua más extensa de Sudamérica. La propuesta parte de una mirada integral: la conservación del bosque nativo y el desarrollo productivo en contextos de alta vulnerabilidad climática deben abordarse de manera articulada y en vínculo con la economía familiar y comunitaria.
El modelo se construye a partir de tres líneas de intervención complementarias. Por un lado, el enriquecimiento forestal y la regeneración activa, mediante la plantación de especies nativas, con especial foco en el algarrobo blanco, para recuperar áreas degradadas, recomponer corredores biológicos y contribuir a la recuperación de los suelos.

Una segunda línea de acción comprende la puesta en marcha de sistemas agroforestales y silvopastoriles integrados, que combinan cobertura arbórea, cultivos y forraje bajo riego en un mismo predio. La integración de componentes productivos permite que la reforestación genere beneficios visibles para las familias, como forraje, cultivos y soberanía alimentaria, favoreciendo la continuidad de las prácticas.
Completa las líneas de intervención el manejo del bosque con ganadería regenerativa, mediante esquemas de pastoreo rotacional y períodos de descanso que permiten que los árboles jóvenes y renovales superen la altura crítica antes de quedar expuestos al ramoneo del ganado. En este enfoque, el manejo ganadero se incorpora como parte de la estrategia de manejo forestal.
La experiencia también permitió identificar cuatro condiciones habilitantes que atraviesan las distintas estrategias: la tenencia de la tierra, el liderazgo de mujeres indígenas y criollas, la infraestructura hídrica y la innovación tecnológica. La seguridad jurídica sobre la tierra facilita el acceso a permisos y financiamiento; la participación de las mujeres fortalece la gestión comunitaria del monte; y el acceso al agua mejora la supervivencia de las plantaciones.
A esto se suma el uso de herramientas de innovación y monitoreo. La conectividad comunitaria, las aplicaciones de trazabilidad y el seguimiento mediante drones permiten profesionalizar la gestión, monitorear las intervenciones y sostener la trazabilidad necesaria para proyectos de conservación financiados a escala internacional.
Una experiencia con alcance territorial
Los resultados alcanzados reflejan una experiencia sostenida en el tiempo en Argentina: 300.000 nuevas plantas nativas introducidas, 3.000 hectáreas reforestadas y 45.251 hectáreas bajo esquemas de manejo sustentable y conservación en las provincias de Chaco, Salta, Formosa, Santiago del Estero, Tucumán y Jujuy. A nivel social y comunitario, el modelo se desarrolló junto a 66 asociaciones y 4.601 familias de productores, fortaleciendo su arraigo y su rol como guardianes del ecosistema.
La sistematización de estos aprendizajes busca poner a disposición evidencia y herramientas que puedan ser aplicadas al diseño de nuevos proyectos de restauración y políticas públicas de escala territorial. De esta manera, la experiencia acumulada por Fundación Gran Chaco constituye una base para proyectar nuevas acciones de conservación y restauración del bosque nativo integradas al desarrollo de las comunidades.